Microrrelatos No.3

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Siempre que pasa el tiempo

Siempre que retomo un rumbo que no sé si es el mío

Siempre que me vienes, te mareo y nos enredamos

Vuelvo a no saber cómo definirte, agua inquieta

Y siento que a pesar de todo sigo navegando descalza por tus olas

Como un día eterno que no acaba.

Foto: Volendam. Febrero 2015.

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Yo no quería [d]escribirte

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Dijo una vez Lord Byron que el gran amigo del hombre tenía todas sus virtudes y ninguno de sus defectos. Por fortuna, hubo algunos que no se lo tomaron demasiado en serio. Luna no fue un perro virtuoso; nunca saltó a la comba o nos trajo el periódico. Sin embargo, calculaba con su reloj vital las horas en punto, el crujir de las zapatillas de correr que auguraban la tarde libre y sabía cuando debía aguardar o atreverse, salvo algún descuido escaleras arriba, como si ella fuese una más; pocas veces consciente de su naturaleza de cuatro patas.

Fue constante en la insistencia de sus caricias y celosa de aquel cristal que le dividía el mundo en dos – esa mirada al darnos la espalda, yo no sé pero a veces pensé que del enfado nunca nos volvería a hablar-. Aunque siendo sinceros, ella alcanzaba la gloria hecha un ovillo de calor y pelo entre las piernas de casi cualquiera, la muy ingenua.

La reina de Los Castillos también sabía escaparse a hurtadillas, reservada en sus propios asuntos mundanos. Siempre tuvo alma de aventurera. Ni la enfermedad le quitó las ganas de seguirnos hasta el final, pese a que las esquinas se enemistaron con ella y las escaleras se empinaron como colinas.

Y así, cajina, se despidió un domingo, sin hacer mucho ruido, con esa calma que solo se gana con la edad. Si, es así, casi como una persona. Y es por eso que la preferí más por sus defectos que por sus virtudes.

La nueva miseria pudiente

Mitch Griffiths

Cuadro de Mitch Griffiths

5 de febrero

Hay dos formas de asomarse a la vida. La mala y la peor. La clave principal de la primera es aprender a reírse de la desgracia propia, entendiendo como desgracia aquella que nos es cercana, no la de más allá. Y os cuento cuál es la mía.

Me pasa muy a menudo cuando voy al supermercado. Te paras frente a la estantería de tomate frito, miras los suculentos botes preparados con trocitos de cosas dentro, espesos y de tarro sugerente. Lo tanteas, lo miras, lees la etiqueta con detenimiento y, finalmente, entre rabia de ti mismo y tu circunstancia, te vas, no sin antes pillar de reojo esa lata paliducha con un mísero dibujo de tomate en el centro. Si ya sabías que ibas a coger el de marca blanca, picarón, ¿para qué torturarte más?

La pobreza relativa es algo como muy de nuestros tiempos. Puedes tener una casa, pagar de forma más o menos constante tus facturas y luego lo demás, con ese sueldo de mierda que tienes, ya se verá. Yo casi que prefiero despilfarrar mi dinero a principio de mes, cuando las cantidades ingentes de billetes se me amontonan por las esquinas (todo muy poco figurativo, como comprenderán) y decido gastármelas en algo productivo más que en pequeñas dosis de felicidad esparcidas a lo largo del mes. A mí como que me da un subidón sentirme capacitada adquisitivamente y ya me voy desinflando el resto del mes. Al fin y al cabo, cada uno tiene sus métodos.

La clave principal para vivir en la miseria pudiente y pasar desapercibido es siempre ser pobre pero digno. Un Mac al lado de tu tupper de arroz con salchichas, vino cutrillo revestido con una buena copa; una sonrisa con confianza. Y tomártelo con algo de sorna, que a nadie le gusta escuchar desgracias ajenas si no van acompañadas de la carcajada del primero. Así que si no tienes dinero para gastarlo haciendo planes maravillosos con tus compañeros de vida -que cobran el triple que tú-, siempre tendrás un as en la manga si las cenas en tu casa son modestas, pero divertidísimas. Eso es lo debió aprender Oscar Wilde, que no pagó por comer fuera ninguna vez en toda su vida. O solo cuando él cortejaba a un chaval veinte años más pobre que él. Dejémoslo de lado.

Un punto a su favor: la pobreza relativa inspira de una forma particular. Y es que tanto tiempo libre lo tienes que gastar en algo (sin ser figurativo, de nuevo). Qué mejor forma de ser optimista en nuestra mierda de vida que dedicar esos ratos muertos a aquellas cuestiones medianamente contemplativas para las que no tenemos tiempo en el frenético devenir de la riqueza. Nada de cine; nada de unas cervezas con los amigos; ni siquiera esa terraza de bar low cost plagada de gente chunga en la que estás pensando ahora mismo. NO. Estudiar, leer, redescubrir las virtudes de los eventos gratuitos. Créeme: la burguesía genera pereza y condescendencia intelectual. Que no. Que hay vida ahí fuera sin un centavo. Desempolva esa cámara vieja. Pinta un poco. Haz como que viajas a tope aunque te vayas a los pueblos de la montaña y súbelo a tu facebook.

Lisboa en un día, descubriendo su encanto

Panoramica Lisboa

Artículo publicado en Adictos a los viajes. Fotografías y texto: Laura Morales

Lisboa tiene esa cosa bonita que tienen todas las ciudades viejas, esos símbolos de decrepitud que hablan de su propia historia; esos años tan bien llevados. Nos lo cuentan los azulejos que cubren las fachadas, las calles empinadas del Bairro Alto Alfama, que parece haberse quedado perdida en el tiempo.Pero no nos engañemos, también es una ciudad que ha sabido adaptarse a los nuevos tiempos. Todo aquel que la haya visitado estoy segura de que coincidirá conmigo; Lisboa es una ciudad con encanto propio que no necesita mucho tiempo para ser vista, pero sí para ser disfrutada. Es por ello que una visita relámpago no sea suficiente para descubrir sus rincones, aunque en este artículo intentaremos condensar lo más importante […]  

Artículo completo aquí

La dualidad del extremismo

La historia nos ha confirmado una y otra vez que los intentos por parte de unos pocos de coartar las libertades de otros muchos solo sirven para darle impulso a nuevas protestas y a nuevos triunfos. Es imposible no sentir un pequeño escalofrío recorriendo la espina dorsal cuando uno se entera de el asesinato de varios profesionales de la comunicación; el verdadero atentado contra la libertad de expresión.  Sin embargo, dejando atrás las condolencias y el estupor inicial, creo que debemos pararnos a reflexionar sobre las consecuencias de este tipo de actos.

A mí no sé si me da más miedo el atentado a la revista Charlie Hebdo que la doble lectura que pueda hacer de ello el mundo occidental. Porque aquí no sé si existirán extremistas de ese calibre, pero sí se que existen individuos despreciables que se estarán frotando las manos viendo una nueva oportunidad para seguir enriqueciendo los argumentos que justifican la ocupación y la masacre de miles de víctimas inocentes al otro lado del mar. Daños colaterales lo llaman, la palabra petróleo no aparece por ningún lado.

Este tipo de atentados que muchos relacionarán con el 11M – los medios no cesan de realizar paralelismos en un intento de crear una sensación de alerta mundial y terror islámico – son, a mi entender, los verdaderos daños colaterales de la recolonización de los territorios ricos en petróleo de Oriente Medio, caldo de cultivo de extremismos; bomba de relojería que hemos detonado sin prever sus consecuencias.

El extremismo religioso no es algo nuevo. Parece que quedan atrás y muy ajenas a nosotros las guerras coloniales, las peripecias de España en América Latina o las cruzadas de los templarios en Jerusalén. Pero no nos engañemos, la actualidad no puede entenderse sin la historia y la nueva oleada de fanatismo por la Yihad debe ser analizada desde su contexto histórico. Me gustaría saber si nosotros consideramos también como ataque terrorista el Sitio a Jerusalén, llevado a cabo durante la primera Cruzada en 1099, que dejaba crónicas tan espeluznantes como esta:

«Maravillosos espectáculos alegraban nuestra vista. Algunos de nosotros, los más piadosos, cortaron las cabezas de los musulmanes; otros los hicieron blancos de sus flechas; otros fueron más lejos y los arrastraron a las hogueras. En las calles y plazas de Jerusalén no se veían más que montones de cabezas, manos y pies. Se derramó tanta sangre en la mezquita edificada sobre el templo de Salomón, que los cadáveres flotaban en ella y en muchos lugares la sangre nos llegaba hasta la rodilla. Cuando no hubo más musulmanes que matar, los jefes del ejército se dirigieron en procesión a la Iglesia del Santo Sepulcro para la ceremonia de acción de gracias»

Raimundo de Aguilers, canónigo de Puy

 Tampoco es algo nuevo la Yihad. Sin embargo, parece que desde la cultura occidental no tenemos muy claro de qué se trata. Muchos eruditos defienden que dicho término contiene diversas acepciones, la última de ellas relacionada con la Guerra Santa. De hecho, en muchos grupos musulmanes, como la comunidad Ahmadía, la palabra Yihad es entendida como la lucha interior que debe hacer uno mismo para acercarse más a Alá. Sin embargo, células radicales con secretos intereses políticos y económicos traducen este término en un sentido básicamente militar.

Cierto es que la Guerra Santa es tan antigua como la religión que la predica pero en los tiempos modernos se ha tornado como la excusa usada por radicales islamistas para alcanzar otro tipo de intereses ¿Os suena de algo la religión metiendo las narices en otros asuntos afirmando que dios ha puesto la mano encima de fusiles y ha santificado las guerras venideras?

Lamentablemente, tendrá que ser dentro de unos años, cuando Irak se haya convertido en el paraíso petrolífero de occidente y al 11 S se le dedique un capítulo entero en los libros de historia, cuando realmente podamos analizar las verdaderas causas y consecuencias de los atentados que lleva sufriendo occidente desde el año 2001. Por otro lado, podemos augurar las páginas que se dedicarán a la masacre que llevamos perpetuando en Irak o Pakistán, porque a pocos nos parece importar. O la gloriosa mano que tendimos a la Primavera Árabe, sin ningún interés más que el de procurar la llegada de la bendita democracia.

Hace poco discutí con un amigo sobre el 11 S y su repercusión en el mundo occidental como el mayor atentado perpetrado por una célula islamista. Me quedé con un sabor amargo en la boca, porque poca información tenemos sobre el número de víctimas exactas que ha habido en Irak desde la ocupación. En cambio, tenemos historias desgarradoras de muchas de las víctimas del 11 S, grabaciones telefónicas, imágenes en tiempo real. Por todo ello, mi amigo se sentía más familiarizado con esas víctimas. Las otras le quedaban lejos. Cualquier argumento que yo pudiera decir iba precedido por su “pero”. Y esto es lo que verdaderamente me da miedo.

 Nos son ajenos. No comprendemos su realidad. No voy a decir nada nuevo, pero deberíamos replantearnos cómo sería ver crecer a tu hijo en medio de una guerra que no comprendes. Bombardeo tras bombardeo. Miseria tras miseria. En medio de esta desesperación surgen los extremismos y la gente se aferra con más ahínco a la religión a falta de otro sustento que les mantenga vivos y con esperanza.

En este sentido, bajo mi punto de vista nosotros también estamos promoviendo de forma pasiva a que se genere una situación explosiva en Oriente Medio; generaciones que indudablemente focalizará su odio hacia nosotros, dejándose llevar – nuevamente – por argumentos fáciles y promesas convincentes por parte de detestables (los hay en todas partes) que se aprovechan de la situación. ¿Qué puedes perder cuando no tienes nada?

Es por ello que desde nuestro universo cómodo debemos de hacer el esfuerzo que posiblemente ellos no son capaces de hacer de no dejarnos llevar por el odio ciego, el análisis rápido; el camino fácil.

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Viñeta compartida en las redes sociales donde se confunde y generaliza la religión musulmana con el radicalismo islamista 

Con esta opinión mi intención no es de ninguna manera la de legitimar el asesinato de personas inocentes por parte de radicales islamistas. Pero ojo, miremos a nuestros muertos y a los suyos, analicemos la realidad con una mirada más crítica, y hablemos.

Sobre Ville Valo y lo que se aprende con la edad

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El otro día tuvo lugar uno de esos descubrimientos, de esas cosas que te sacan una sonrisa y ya la tienes estampada en la cara todo el día. Iré al grano. Resulta que cotilleando el Spotify de un conocido –bendita herramienta- descubrí una versión soberbia de Solitary Man cantada por Johnny Cash. Y se me encendió la bombilla. Pero no contenta con esto, mi dicha se hizo más grande cuando, al indagar por la red, vi que la canción original era obra de Neil Diamond (reverencia). 

Sin embargo, para contar esta historia me tengo que remontar tiempo atrás, puesto que la primera vez que escuché esta canción fue de la mano de HIM, mi grupo adolescente por antonomasia, con Ville Valo a la cabeza de la formación, cosa que hacía que yo perdiera la mía (¡qué tiempos!). Reconozco que fui lo bastante ingenua para pensar que la canción era suya, pero comprenderán que con 14 años no se puede pedir mucha sensatez, ni tampoco que te conozcas todo el repertorio de Johnny Cash. Yo he de admitir que lo desconocía al completo.

Siempre he pensado en HIM con cariño, con esa añoranza que te aprieta el pecho cuando recuerdas algo por lo que has estado loco e, irremediablemente, para bien o para mal, es casi imposible que alguna vez logres sacudírtelo del todo. Son esas cosas que forman parte de tu camino. Con HIM me pasó algo parecido.

Era la época del reggaetón, cuando pegaba fuerte en las islas – ojalá pudiera poner el verbo en pasado sin titubear, pero es que en Canarias las cosas van a diferente ritmo-. Era la época en la que Don Omar se anunciaba en los minutos musicales de Telecinco. Y sí, también era la época en la que la cadena comenzó a caer en picado para no volver a levantar el vuelo.

Pues bien, yo tenía un pié y, si me apuras, el otro, metidos en el meneo incesante del “dale, dale Don, dale” y un día viendo por casualidad la MTV, apareció Ville Valo con todo el esplendor de su juventud cantando lo de “love’s the funeral of hearts, and an ode for cruelty, when angels cry blood on flowers of evil in bloom”. Y a mí me fascinó.

No sabía el qué pero yo quería eso, y de la “Super Pop” pasé a la “Loka”, porque era más guay y traía posters de HIM, Within Temptation o The Rasmus, y de vez en cuando de algo que sigue hoy en día valiendo la pena, como Black Sabbath. Para mí, en definitiva, conocerlos fue un paso fundamental para comenzar a tener curiosidad por la música, aunque ahora desde una distancia prudente pueda sacarle la sonrisa a más de uno. Lo sé.

No hubiera comenzado esta verborrea adolescente sin un motivo, que aquí os traigo. Reflexionando sobre mi descubrimiento, recordé que HIM tiene varias versiones de grandes artistas. Digamos que tienen muy buen ojo. Y yo he sido de la generación de los ingenuos que conocieron a algunos de ellos gracias a las versiones de aquellos. En este sentido, puede que HIM sea uno de los grupos más productivos en cuanto a sacarle jugo a eso del cover, y de ahí la razón de mi pequeño homenaje a Ville Valo & CIA.

Comenzamos con la versión metalera de Wicked Game, del archi conocido Chris Isaak. Cuando escuché la versión original pensé por un momento que se trataba de un acústico de HIM por el registro tan parecido que tienen las voces de ambos.  Si bien es cierto que la versión original es más que apetecible, Ville Valo lo estaba más en su edad de merecer y eso hay que reconocerlo.

 

 

Continuamos con una de mis canciones favoritas de todos los tiempos, Don’t fear the Reaper de Blue Oyster Cult. Si te gustan los solos de guitarra eternos al estilo Cream o The Paul Butterfield Blues Band entenderás por qué.  HIM se marcó una humilde versión –chica incluida- en 1997 (Greatest love songs Vol. 666) y no lo hizo tan mal. De hecho, les salió un competidor: una bonita, pero a la vez angustiosa, versión del cantautor Gus Black.

 

 

Y para terminar, como no, el trío de ases: Solitary Man, la canción que le dio propósito y forma a este humilde post con vistas al pasado.

 

 

Como bonus track, un homenaje que hizo Gus Black, gran descubrimiento fruto de mi pequeña investigación, a Black Sabbath. Paranoid.

 

Cielos más modestos

El 20,4 de la población española vive por debajo del umbral de la pobreza

Según el estudio del INE sobre el umbral de la pobreza en España en 2014, se considera que una persona vive por debajo de él cuando:

  1. No come al menos dos veces a la semana carne o pescado
  2. No puede irse de vacaciones
  3. No cuenta con, al menos, 600 euros ahorrados para afrontar imprevistos
  4. No puede calentar su casa son asiduidad -o si pueden, pero no ponen la calefacción para ahorrar-.

Estimados estudiantes y jóvenes trabajadores acostumbrados a comer espaguetis con arroz y viceversa, que robáis el papel higiénico de los bares por no tener con qué comprarlo al final de mes y que os habéis pasado con sospechosa actitud naïve de la leche al té, BIENVENIDOS.

Eso sí, con la cabeza alta.  Que preferimos beber una cerveza con los amigos – aunque sea una chino lata – y dormir hasta las cuatro, que así nos ahorrarnos la comida y pasamos directamente a la cena. Que nos hemos hecho especialistas en cocina minimalista.  Que nos hace más ilusión encontrar esos cinco euros apretujados en el fondo de la chaqueta que ganar un mundial. Que sacamos el pañuelo del bolsillo cual señora apasionada que ve llegar el barco de su amante cada principio de mes – ¡gracias, queso en lonchas, que has vuelto a mi vida!- Que un espectáculo callejero a media noche y una guitarra improvisada la agradecemos más que una Zarzuela.

Compte, haznos un hueco en la grada del positivismo a la de ya.

Sueños de brocha gorda

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Josef Vyletal

Narra Milan Kundera en su obra “La insoportable levedad del ser” la dualidad a la que nos    enfrentamos a diario, la lucha constante entre el ser y el estar*; la ambivalencia de la naturaleza humana. ¿Dónde está el límite entre la levedad  y el peso?

Muchos asumen la levedad como propia y se niegan a atar cabo a la orilla. Gente que se considera libre. Sin embargo, ellos también asumen un peso, el de su decisión; el peso de la nada. Y ese es el más cruel de todos ellos cuando el mar es bravo.

Otros parecen hallar en el mito de Atlas su vivo retrato. La levedad que sienten al asumir el peso de la esfera eterna parece satisfacer a sus almas. Paradójicamente, llevar un ancla rozando la orilla tranquiliza su espíritu. Quién no recuerda el dicho “mejor pájaro en mano que cientos volando”. Quién no ha leído o practicado alguna religión.

Pese a ello, nuestra decisión queda diluida cuando soñamos, pues dejamos que el peso se quede en el mundo de lo tangible, a costa de nuestra voluntad, mientras que nuestra mente asciende con la levedad que le corresponde solo a las motas de polvo. Y luego, minutos antes de que la mente lúcida – o dislúcida, quién sabe – llame a nuestro cuerpo con voz opaca, en ese instante, solo ahí, tienen lugar la maravilla de los sueños lúcidos.

Muchos de nosotros rara vez podemos gozar al recordar un sueño. Solo algunos privilegiados – o desgraciados, como algunos prefieren que se les llame- tienen la certeza de haber soñado con esto o aquello cada noche. Y no es mi caso.

Es por eso que siempre me ha fascinado el mundo del surrealismo, porque traza esa línea entre la levedad y el peso; la ambivalencia entre lo real y lo ficticio; el “es muss sein” y el “muss es sein?” que recitaba Beethoven y que tan bien supo rescatar Kundera.

Hoy traigo una selección de mis autores favoritos. Muchos de ellos los conocí hace algún tiempo en la exposición “Surrealismo y Sueño” que tuvo lugar en el Thyssen (¡gracias!).  Con estas imágenes uno es capaz de evocar los sueños olvidados y las realidades no vividas.

Paisajes y ensoñaciones

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 Max Ernst – El mundo de los ingenuos

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 Max Ernst – El nacimiento de la galaxia

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Max Ernst – Grätenwald

A continuación, varios cuadros que tienen algo en común: la presencia de una forma ovoide. Al parecer,  un  elemento que reincide en la obra de muchos artistas surrealistas.

Who art thou, White Face?, 1959

Leonora Carrington – Who art thou, White face?

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Josef Vyletal – Laserová Zena

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Salvador Dalí – Niño geopolítico observa el nacimiento del hombre nuevo

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Max Ernst – La pubertad cercana a las Pléayades (portada, por cierto, elegida por la Editorial TusQuets para La Insoportable levedad del ser de Milan Kundera)

Tentaciones sociales

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Salvador Dalí – La tentación de San Antonio

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Josef Vyletal – Babylonská věž

 

 

Animales y humanoides

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Leonora Carrington – Figuras místicas, Bailarín II

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Salvador Dalí – Cisnes reflejando elefantes

And Then We Saw the Daughter of the Minotaur

Leonora Carrington – And Then We Saw the Daughter of the Minotaur

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 Max Ernst – Birds, fish, snake and scarecrow

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*Por cierto, no entiendo como a tantas lenguas se les escapa el matiz existente entre el “ser” y el “estar” y no me refiero al sentido de “estar” como determinación física dentro de un espacio, sino como parte de nuestros sentimientos, tan diferentes al “ser”. Frases como “estoy contento”, “estoy triste”, “estoy pensando”…parecen hablar de un estado del alma transitorio, mero producto de un peso o una carga temporal, mientras que el “ser” traspasa esos límites y se acerca a la autorrealización: “yo soy pintor”, “él es músico”; “somos felices”.  Se te llena la boca solo con pensarlo.